El Desafío De Ancelotti
Brasil no gana un Mundial desde 2002. Durante 24 años, el pentacampeón llegó a cada torneo como favorito y volvió a casa con las manos vacías. Para cortar esa racha, la Confederación Brasileña de Fútbol tomó una decisión sin precedentes: por primera vez en su historia, le entregó el banco a un técnico extranjero.
Carlo Ancelotti asumió en mayo de 2025 y hace poco extendió su contrato hasta 2030. El italiano, único entrenador que ganó las cinco grandes ligas de Europa, desembarcó en Brasil con un principio innegociable: solo los jugadores que estén al 100% físicamente van a ser tenidos en cuenta para la Verdeamarela. No eran palabras al voleo. Ya en octubre, Ancelotti le mandó una advertencia pública a Vinicius Junior: "Tenemos muchos jugadores de nivel mundial y solo puedo elegir a los que están plenamente listos". El mensaje no dejaba lugar a dudas: si Vinicius estaba al 90%, otro le iba a sacar el lugar.
Fue en ese contexto que la vuelta de Neymar resultó mucho más enredada de lo que parecía a primera vista. Rodrygo sufrió una lesión de menisco y de ligamento cruzado, mientras que Estevão quedó afuera de la lista final por un problema en el muslo. Los huecos que se abrieron en las bandas llevaron la atención de Ancelotti hacia el delantero de 34 años: Neymar entró para tapar el agujero que dejó Estevão.
Un Cuerpo Que Protesta
La vuelta arrancó como una fiesta nacional y terminó con un parte médico lapidario. Neymar no juega para Brasil desde octubre de 2023, cuando se rompió los ligamentos cruzados, y desde entonces su carrera se transformó en una seguidilla interminable de lesiones. Su regreso a Santos no le devolvió la chispa de antes, y el 17 de mayo, en una derrota ante Coritiba, sintió una molestia en el gemelo derecho.
Santos, en un principio, intentó bajarle el tono a la situación. El médico del club, Rodrigo Zogaib, habló de una simple hinchazón y deslizó que el jugador iba a volver a entrenarse. El propio Neymar fue igual de desentendido y se sacó de encima a los periodistas con un seco "¿Qué problema?". Pero la resonancia magnética que se hizo en la Granja Comary —el predio donde se concentra el seleccionado brasileño— contó otra historia. El jefe médico de Brasil, Rodrigo Lasmar, no anduvo con vueltas: "Neymar se presentó ayer en la Granja Comary, se sometió a estudios y la resonancia reveló una lesión muscular de grado dos en el gemelo. Esto no es una simple hinchazón. La recuperación va a llevar entre dos y tres semanas".
Las cuentas son crueles. Brasil abre la fase de grupos el 13 de junio en Nueva Jersey ante Marruecos, el campeón vigente de África. Una ventana de recuperación de dos a tres semanas vuelve casi imposible la presencia de Neymar en ese partido. También se va a perder dos amistosos de preparación: ante Panamá en el Maracaná y ante Egipto en Cleveland. Los siguientes partidos de la fase de grupos, contra Haití el 19 de junio y Escocia el 24 de junio, dejan una sola ventana estrecha para una posible vuelta.
Ancelotti dejó la cuestión deliberadamente abierta: "Puede jugar, puede que no. Quizás simplemente se siente en el banco y entre como suplente". El hombre que superó el récord de Pelé para convertirse en el máximo goleador histórico de Brasil con 79 goles es hoy, por el momento, apenas un jugador más del plantel: su situación se va a definir no antes de las 24 horas previas al puntapié inicial.
¿Quién Maneja De Verdad A Este Equipo?
Mientras Neymar corre contra el reloj, el peso de las expectativas de todo un país se traslada a los hombros de Vinicius Junior. El extremo del Real Madrid es uno de los atacantes más peligrosos del torneo y el eje central del sistema ofensivo de Ancelotti: una relación forjada a lo largo de años juntos en el club, que le da al seleccionado una dinámica distinta.
Pero los Mundiales no se ganan por las bandas. Bruno Guimarães, Casemiro y Lucas Paquetá forman el corazón del mediocampo, el que de verdad maneja el ritmo de cada partido: quién tiene la pelota, quién acelera, quién tapa a la línea defensiva. Es la zona menos vistosa de la cancha, pero la más decisiva. Ahí se van a construir o a derrumbar las ambiciones de Brasil. Junto a ellos, la nueva camada —Endrick y Savinho— aparece como la respuesta a una pregunta que el torneo, tarde o temprano, va a plantear: ¿qué viene después de la era Neymar?
Pragmatismo Antes Que Espectáculo
El Brasil de Ancelotti es una ruptura radical con aquellos equipos cargados de estrellas pero desequilibrados en su estructura de las últimas décadas. El italiano es un pragmático de alma. Para él, la solidez defensiva es la base sobre la que hay que levantar la libertad de ataque, y fue justamente la fragilidad atrás el talón de Aquiles de Brasil en los últimos torneos.
Gabriel Magalhães, Bremer y Marquinhos tienen que armar una última línea que no vuelva a regalar goles por errores costosos. Raphinha, Matheus Cunha y Gabriel Martinelli le dan la profundidad y la variedad necesarias al ataque. La lógica de Ancelotti es sencilla: una base defensiva sólida va a sacar de posición a los rivales en el juego abierto y los va a dejar expuestos al contraataque. Ya no es un equipo que juega al fútbol solo por la belleza del juego: es una máquina armada exclusivamente para los resultados.
Y sin embargo, en el corazón frío y calculador de esa lógica hay una decisión cálida, sentimental y verdaderamente riesgosa: Neymar. Para el delantero, que llamó a esta campaña su "última misión", el Mundial 2026 va a ser el último capítulo de su carrera internacional.
Queda una pregunta que ningún parte médico va a responder jamás: ¿puede una leyenda de 34 años imponerse a la fragilidad de su propio cuerpo y darle a Brasil esa histórica sexta estrella, o este último baile no será más que el melancólico final de una gran era?



