La Joya soltó la bomba en vivo después del partido con Parma. Roma no lo llama. Scaloni lo bajó del Mundial. Y un sueño que arranca en la promesa a su viejo empieza a sonar cada vez más fuerte. Pero atención: la novela tiene un giro inesperado de último momento.

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El lunes a la noche, Paulo Dybala se paró delante de los micrófonos de Sky Sport después de la victoria locura de la Roma sobre Parma —3-2, gol agónico en el minuto 101 de Donyell Malen— y largó dos cosas. La primera te eriza la piel si sos hincha giallorosso. La segunda hizo temblar el WhatsApp de medio país.

"El contrato dice que probablemente el derbi sea mi último partido frente a los hinchas de la Roma."

"¿Si el club me contactó? No."

Ese "no", dicho así, seco, sin vueltas, fue suficiente. En menos de 24 horas, el futuro de la Joya se transformó en la novela más caliente del mercado de pases. Y al día siguiente —martes 11 de mayo— el segundo cachetazo: Scaloni dejó a Dybala afuera de la prelista de 55 del Mundial.

Ni Roma lo llamó. Ni Scaloni lo llamó. Catorce años en Italia —y de repente, una sola pregunta flotando en el aire: ¿a dónde va la Joya?

LA ENTREVISTA EN SKY QUE INCENDIÓ TODO

El 10 de mayo, en el Stadio Ennio Tardini de Parma, la Roma protagonizó una de esas remontadas a lo Roma. Iba perdiendo 2-1. Malen clavó el penal del triunfo a los 101 minutos. 3-2. Los giallorossi quedaron empatados en puntos con el Milan en el cuarto puesto, peleando hasta el final por la Champions.

Cuando terminó el partido, Dybala —que había repartido una asistencia de aquellas— se acercó a las cámaras. Pero no habló del partido. Habló de lo otro.

"La verdad, me gustaría saber algo a mí también. El contrato dice que el derbi probablemente sea mi último partido frente a la afición de la Roma. Todavía no tomé una decisión final, pero eso es lo que dice el contrato."

El periodista le tiró la pregunta obvia —¿el club te llamó para hablar de la renovación?

"No."

Una sola palabra. Y adentro de esa palabra: el silencio de la Roma, la bronca de Paulo, y el último capítulo de una historia que ya lleva 14 años en el fútbol italiano.

El contrato se le vence el 30 de junio. Le quedan apenas dos compromisos: el clásico de la capital ante Lazio en casa —su despedida del Olímpico, si nada cambia— y la visita al Hellas Verona para bajar el telón de la temporada. Si los Friedkin no se mueven, en julio queda libre. Sin club, sin contrato, sin nada.

¿Los números en Roma? Más de 135 partidos, 45 goles, 25 asistencias. Llegó en julio de 2022 de la mano de Mourinho. Fue ídolo. Hizo gritar al Olímpico como pocos. Y hoy: "nadie me llamó."

Y acá viene el detalle que termina de pegar duro. En el verano europeo de 2024, el Al-Qadsiah saudí le tiró una oferta del orden de los 25 millones de euros por temporada. Dybala la rechazó. Eligió quedarse en Roma, su lugar en el mundo. Dos años después, el club ni le devuelve el llamado.

Eso, en el fútbol, duele más que cualquier lesión.

SCALONI Y EL PORTAZO MUNDIALISTA

Al otro día, martes 11, llegó el segundo golpe.

Scaloni presentó la prelista de 55 nombres para el Mundial 2026. Cincuenta y cinco. Dybala no figura.

Pará la pelota un segundo y dimensioná esto. Campeón del mundo en Qatar 2022. Pateó —y la clavó— en la tanda decisiva contra Francia en Lusail. Cerca de 40 partidos con la Selección, varios goles. Y no entra ni siquiera en una lista de 55. Hay sub-20 que están adentro y la Joya no.

¿La explicación lógica? La tiene en la espalda. Una temporada plagada de molestias. Operación de menisco en la rodilla izquierda el 5 de febrero —casi tres meses al margen—. Volvió recién el 25 de abril contra Bologna, apenas un puñado de minutos desde el banco. En todo 2026 completó los 90' solo dos veces. Un calvario.

Scaloni se la jugó por los pibes. Garnacho en el Chelsea. Mastantuono en el Real Madrid. Nico Paz en el Como. Matías Soulé en la Roma —el propio compañero de Dybala en Trigoria—. Echeverri en el Girona. Ese es el ataque del recambio.

Y la del compañero pega distinto. Soulé, que se cruza con Paulo en el vestuario todos los días, se metió en la lista. La Joya no. Mismo club, mismo entrenamiento, dos destinos opuestos.

EL GIRO QUE NADIE VIO VENIR: ¿DYBALA SE BAJA EL SUELDO PARA QUEDARSE?

Ahora viene la parte de la novela que nadie esperaba.

Este lunes —el mismo día de la frase, casi al mismo tiempo— el periodista italiano Nicolò Schira tiró una bomba en sentido contrario: "Dybala abrió la puerta a una rebaja salarial importante para quedarse en la Roma una temporada más. Espera la decisión final de los Friedkin, aunque todavía no recibió ninguna oferta oficial. Gasperini lo quiere retener".

Traducido: la Joya quiere quedarse. Tanto, que está dispuesto a cobrar menos. Gian Piero Gasperini, el técnico, lo pide. La pelota ahora está del lado de los Friedkin.

Esto cambia toda la película. Porque si el club aparece con una oferta —aunque sea por la rebaja—, Boca queda mirando de afuera. Y si los italianos siguen en silencio, ahí sí la Bombonera empieza a sonar fuerte.

BOCA — EL SUEÑO QUE ARRANCA EN UNA PROMESA

Y hablando de la Bombonera. Hay un nombre que viene rebotando hace meses en la mesa familiar de la Joya: Boca Juniors.

El 29 de abril, en SportsCenter de ESPN, el periodista Leo Paradizo tiró el bombazo: "Hay un principio de acuerdo, hay un contrato y después del Mundial, Paulo Dybala vuelve al fútbol argentino para vestir la camiseta de Boca".

Pero al toque, desde Italia, Schira lo cruzó: "Dybala todavía no decidió su futuro. No hay acuerdo con Boca". Il Corriere dello Sport fue por la misma línea —el entorno del jugador desmintió cualquier preacuerdo.

Una fuente dice que sí. Otras dos dicen que no. La novela está más viva que nunca. Pero el interés del Xeneize es real, palpable. Riquelme ya tiene el contrato preparado —según informó Facundo Pérez en D Sports Radio—. Plata reservada. Estructura armada. Solo falta el sí del protagonista.

Leandro Paredes —hoy capitán de Boca— es el cómplice perfecto en esta historia. Amigo íntimo de Dybala, hermano de Selección, y casado con Camila Galante, mejor amiga de Oriana Sabatini. El propio Paulo lo contó hace poco en una entrevista: "Camila y Leandro insisten mucho por mensaje. Hace dos días salió una publicación mía con la camiseta de Boca y se rieron mucho".

Sí, eso pasó. Alguien tiró una imagen hecha con IA de Dybala con la del Xeneize y la mandó al grupo familiar. Se cagaron todos de risa. Pero en el fondo —la sonrisa es la antesala del sí.

Y acá viene la parte que te toca el corazón. La actriz Catherine Fulop —suegra de Paulo, mamá de Oriana— largó la frase que encendió las redes hace dos semanas en Urbana Play 104.3 FM:

"Él ama Roma, ama al equipo y yo creo que Roma lo quiere muchísimo a él. Esa sería su primera opción. Pero también tiene un sueño que cumplirle al padre, que es jugar en Boca. Sobre todo por su papá, que se lo inculcó."

Una promesa al viejo. Una deuda emocional que arrastra desde pibe. El padre de Paulo, que ya no está, lo crió hincha del Xeneize. Y Paulo nunca se olvidó.

¿Detalles del clan familiar? Para reírse un rato. Ova Sabatini, el suegro, es hincha fanático de River. "Ova llora por River, no se pierde los partidos", soltó Catherine en la misma nota. Imaginate los asados familiares si Paulo aparece con la camiseta azul y oro.

Y atrás de todo, la postal más tierna. Gia —la primera hija de Paulo y Oriana— nació el 2 de marzo en el Hospital Gemelli de Roma. Apenas dos meses de vida. Una beba que de repente puede cambiar de continente.

Un papá que prometió. Un amigo del alma esperando con el bombo. Una esposa que dijo "te banco". Una bebita recién nacida. Roma en silencio. Scaloni con el "no". Y un futuro que se escribe a las apuradas.

CATORCE AÑOS EN ITALIA: EL LIBRO ABIERTO EN LA ÚLTIMA HOJA

Dybala se fue de Argentina a los 18, en 2012. Cruzó el charco con destino a Palermo. Después vino Juventus —donde se hizo crack—. Después Roma —donde se hizo ídolo—. Tiene 32 años. Ya no es el pibe maravilla que todos esperaban. Es un futbolista hecho, formado, padre de familia.

Un último derbi contra Lazio en casa. Una visita final a Verona. Y desde julio: jugador libre. Tres caminos abiertos al mismo tiempo:

Uno lleva al Olímpico, si los Friedkin reaccionan y aceptan la rebaja. Otro lleva a la Bombonera, con Paredes esperando con la cinta de capitán. Y un tercero —siempre hay un tercero en el fútbol— puede aparecer de la nada en cualquier momento.

Todo parece apuntar a un solo lugar. Pero un "no" y un "sería lindo" todavía no son un "sí".

LA ÚLTIMA PALABRA LA TIENE ÉL

La última hoja del libro de Paulo Dybala se está escribiendo en este momento. Nadie sabe en qué club terminará el capítulo. Pero esas dos palabras —"nadie me llamó"— alcanzaron para tener a media Argentina mirando el teléfono.

Roma calla. Scaloni cerró la puerta. Boca espera. Y la Joya... ¿qué decide?

El reloj corre. Y la Bombonera ya está cantando bajito.