Renunciar a la Champions League: por qué De Paul cambió Europa por Miami
Las mañanas en Miami empiezan temprano. Antes de que la plantilla del Inter Miami se reúna para el entrenamiento colectivo, dos hombres ya están en el campo: Lionel Messi y Rodrigo De Paul. Nada de eso figura en el calendario. Es una decisión propia.

El camino de De Paul hasta ese campo ha desconcertado a muchos. El centrocampista de la selección argentina cambió el Atlético de Madrid por Miami, primero cedido y luego con un traspaso definitivo de unos 15 millones de euros. Muchos interpretaron el salto de la élite europea a la MLS, la liga norteamericana, como un paso atrás. De Paul, sin embargo, había hecho las cuentas con frialdad.
PatrocinadoAsume las críticas con calma, y califica esas opiniones de totalmente respetables, pero insiste en que su prioridad está en otro lugar. «Lo más importante en mi carrera ahora mismo es jugar», afirma. Y en Miami juega, y mucho. «Estoy en la cancha cada tres días, no he tenido ninguna lesión y estoy en el mejor estado físico de mi vida».
A quienes le reprocharon renunciar a las noches de Champions League, el argentino les respondió sin rodeos: seis o siete partidos al año en esa competición nunca fueron decisivos para él. Su lógica era sencilla: necesitaba minutos y ritmo en las piernas. Entre el prestigio y ese ritmo, eligió el ritmo.

El régimen secreto de Messi y De Paul
No fue una decisión a la ligera. Desde hace meses, De Paul y Messi entrenan por su cuenta al margen de las sesiones del club y duplican la carga de trabajo junto a un preparador personal. «Nos exigimos hasta el límite físicamente, solo para estar en la mejor forma posible», explica De Paul sobre un régimen que la pareja se impuso a sí misma. Incluso graban las sesiones, y las imágenes podrían acabar en un documental.
Pero este vínculo va mucho más allá del trabajo físico. De Paul se describe como una persona emocional, capaz de volar alto en un momento y hundirse al siguiente. Messi es diferente. «Es mucho más estable que yo; yo soy el que tiene altibajos», admite el argentino. Ese equilibrio es precisamente lo que lo estabiliza cuando las cosas se complican. Messi lidera no con palabras altisonantes, sino con una calma absoluta, y esa calma se convierte en el ancla de De Paul cada vez que su propio ánimo le juega una mala pasada.

Defender el título: un hambre que nunca se apaga
En una entrevista previa al torneo, De Paul describió un peso psicológico del que no puede librarse. «Es simplemente imposible vivir sin pensar en el Mundial», reconoció. Cuanto más se acerca la fase final, más nítidos se vuelven esos pensamientos.
Esa hambre futbolística no ha disminuido, ni tras dos títulos de la Copa América, el trofeo continental sudamericano, ni después de levantar la Copa del Mundo en 2022. De Paul sigue siendo el niño que creció en Sarandí y que se dio a conocer en Racing, el club de las afueras de Buenos Aires donde comenzó su carrera. «Veo confianza en mis compañeros y hambre de seguir con esta historia», añade, convencido de que Argentina volverá a tener un papel protagonista.
Ahora el cálculo se enfrenta a su verdadera prueba. Argentina debuta en el Mundial en Kansas City, en el estadio Arrowhead, ante Argelia, y comparte grupo con Austria y Jordania. La defensa del título conquistado en Catar empieza ahí mismo. Y esas tranquilas mañanas de Miami darán su respuesta en el momento en que Messi y De Paul vuelvan a salir juntos al campo, esta vez con la albiceleste.




