José Mourinho está convencido de que su "personalidad, experiencia y exigencia rápidamente devolverían el orden y la armonía al plantel", y puso un precio para lograrlo: diez condiciones estrictas que le entregó al presidente de Real Madrid, Florentino Pérez, entre las que se destacan un contrato de al menos dos años y el control total del departamento médico del club. El portugués no tolerará que los jugadores opinen sobre la formación del equipo, un quiebre rotundo con su antecesor, a quien las grandes figuras del vestuario apodaban con ironía "el cono". Ahora, tres reglas de hierro rigen el día a día en el club: la dieta la define el equipo de nutricionistas y nadie más, y las lesiones se tratan únicamente en Valdebebas, la base de entrenamiento de Real Madrid. La medida más dura es para los que llegan tarde: no hay multas, pero deberán pasar una hora solos en el gimnasio. La disciplina reemplazó a los privilegios, y Mourinho arma una máquina de combate en la que la unidad del grupo está por encima de lo individual.

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