"En esta instancia, si perdés es un desastre", admitió Harry Kane, y sus palabras resumen la presión que pesa sobre Inglaterra de cara al cuarto de final ante Noruega. En Miami, donde los Three Lions salen a la cancha el sábado a las 10 de la noche con un lugar en semifinales en juego, se pronostican un calor sofocante y tormentas eléctricas, pero la temperatura dentro del campamento es todavía más alta. El mayor dolor de cabeza es la sorpresiva sanción de dos partidos para Jarell Quansah, una que ni siquiera Thomas Tuchel puede explicar. "Nosotros tampoco tenemos explicación", reconoció el DT. Inglaterra también perdió a Jordan Henderson: el mediocampista se fracturó la muñeca y el brazo mientras festejaba el triunfo ante México. Aun así, Declan Rice, Marc Guéhi y Reece James volvieron a entrenarse con normalidad, y Sir David Beckham se presentó en persona en la concentración para levantar el ánimo.

Tuchel insiste en que "la gente ama a este equipo", aunque la realidad es más cruda: la hinchada quiere una sola cosa, y es el trofeo. Se viene un duelo de pesos pesados: Harry Kane, que ya igualó el récord goleador de Wayne Rooney, contra Erling Haaland, un delantero al que Jamie Carragher considera "el mejor goleador" de todos. Inglaterra necesita demostrar quién es, y tiene que hacerlo ahora. El reloj corre. Si el equipo de Tuchel no logra superar este obstáculo, la lluvia tropical de Miami lo va a empapar como un símbolo del fracaso.
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