Seis Mundiales. Seis intentos. Pero no estaba escrito para Cristiano Ronaldo.
Esa amarga realidad alcanzó a la leyenda portuguesa en Dallas, donde una derrota por 1-0 ante España terminó por romper su sueño. A los 41 años, en su partido internacional número 233, un récord que sigue ampliando, el delantero deambuló por el encuentro como un fantasma y apenas tuvo 19 contactos con el balón. Abandonó el campo llorando, pero cuando se presentó ante la prensa mostraba una seguridad desafiante. "Me voy con la conciencia tranquila y ya está", aseguró.
La afirmación dividió opiniones, sobre todo porque el capitán puso el triunfo de Portugal en la Eurocopa de 2016 al mismo nivel que un Mundial. "Antes de Cristiano, Portugal no había ganado ningún título", argumentó, y para él ese legado es más que suficiente. Los números cuentan una historia menos indulgente: sus 11 goles en Mundiales quedan muy lejos de los de otras estrellas de la era moderna, entre ellas Messi, Mbappé y Kane. Las fuentes apuntan al mismo contraste llamativo: las palabras de Ronaldo transmiten una calma total, pero las lágrimas que le corrían por el rostro contaban otra historia.
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Quizá su camino en el escenario mundial haya terminado, pero la estrella del Al-Nassr no tiene prisa por despedirse del fútbol. Su próximo objetivo, monumental, son los 1.000 goles en su carrera, y tras este verano le faltan solo 24. Cuando él y el joven Lamine Yamal se abrazaron tras el pitido final, el momento pareció el amanecer de una nueva era en el fútbol. Así pues, ¿acabará el hombre de los 976 goles sentándose con su familia, reflexionando en silencio y aceptando que su misión está cumplida, o lo veremos persiguiendo otro récord más en la Eurocopa de 2028?




