Alexander Isak se ha convertido en el futbolista más caro de la historia de la Premier League después de que el Liverpool pagara por él la espectacular cifra de 145 millones de euros. El importe récord marca un nuevo listón en el mercado de fichajes, donde Elliot Anderson ocupa ahora el segundo puesto con 135 millones de euros. Frente a esas cifras astronómicas, los 108 millones de euros que pagó el Tottenham por Sandro Tonali, procedente del Newcastle, solo bastaron para ser noveno en la lista. Operaciones de esta magnitud apuntan a una reevaluación total del valor en el fútbol. "Me voy con la conciencia tranquila, ganar la Eurocopa de 2016 equivale a ganar el Mundial", afirmó en su día Cristiano Ronaldo; unas palabras pronunciadas en otro contexto, quizá, pero la tensión entre el logro histórico y su precio económico nunca había resultado tan pertinente. Cuando la valoración de un solo jugador supera la barrera de los cien millones con tanta facilidad, queda una pregunta en el aire: ¿dónde está exactamente la línea entre la ambición deportiva y el absurdo económico?
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