El dominio de España en la final del Mundial se fue haciendo cada vez más asfixiante hasta rozar lo absurdo, con una posesión que en algunos tramos llegó a un casi increíble 90 %. Bajo el calor asfixiante del MetLife Stadium, el partido se convirtió en una partida de ajedrez táctico desde el pitido inicial, y Lionel Scaloni lo apostó todo al pragmatismo y a maniatar a su rival. Argentina construyó todo su plan en torno al extremo del Barcelona Lamine Yamal. El joven llegó a la final con apenas un 30 % de su mejor nivel, pero su amenaza pesaba tanto que Scaloni reconfiguró a su equipo únicamente para contenerlo. Por mucho que se critique que el estilo de España asfixia a los rivales y le quita la vida al juego, fue su filosofía la que gobernó el campo, mientras que Argentina parecía conformarse con sobrevivir hasta una tanda de penaltis.

España, campeona del mundo en 2026: un Messi entre lágrimas, una roja y un dominio total del 90 %

La fortuna deportiva que tan fielmente había acompañado a Argentina se agotó por fin en Nueva York. El plan de Scaloni quedó destrozado por dos lesiones crueles: perder a los dos centrales a la vez vació sus opciones e hizo físicamente imposible dar entrada a Lautaro Martínez. Después llegó la tarjeta roja de Enzo Fernández, una expulsión absolutamente "estúpida", como se la calificó, que dejó a Argentina con un hombre menos en la prórroga. La situación se escapó de las manos. Mientras los nervios de los sudamericanos se crispaban, España esperaba su oportunidad, fría y con la cabeza despejada.

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El golpe decisivo llegó en el minuto 106. Ferran Torres, un actor secundario durante todo el torneo, eligió su momento y envió el balón al fondo de la red. El gol tuvo algo que ver con un despiste de Simeone, que perdió la concentración por un golpe en la pierna y dejó escapar a su hombre en el peor momento, y con ello el sueño dorado de Argentina. La "entrada divina" de Pau Cubarsí, como la llamaron muchos, fue el punto final y apagó cualquier esperanza de empate. España reescribió la historia al levantar el trofeo por segunda vez, la primera desde 2010, y al decirle al mundo, en la frase que se difundió por todas partes, que "el mejor equipo levantó la copa del Mundial".

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España, campeona del mundo en 2026: un Messi entre lágrimas, una roja y un dominio total del 90 %

Tras el pitido final, la fiesta del fútbol dio paso al caos. La "acción repugnante" de Leandro Paredes, que se encaró físicamente con Rodri cuando el español se marchaba a celebrar, se convirtió en el emblema de la agresividad desesperada que se extendió por el campo. Un equipo que había llegado como héroe se marchó como villano. En las redes sociales, un aluvión de odio y de "fotos falsas generadas con IA" dirigidas a Messi corría por debajo de la verdadera y trágica imagen de la noche: una leyenda llorando, impotente, mientras su equipo se hundía en lo feo. Parecía el final no solo de un partido, sino de una era. Sin embargo, pese a las malas artes y a la suerte que por fin se agotó, el fútbol fue el ganador esa noche en el MetLife Stadium. El oficio y la clase españoles demostraron que la verdadera grandeza no está en la agresividad, sino en la paciencia, y en el amor por el juego

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