Tras años de presión, la FIFA ha puesto en marcha uno de los cambios más polémicos de la historia reciente del fútbol: un borrador formal de protocolo, publicado el 24 de abril y recogido por The Guardian, que permitiría disputar partidos de liga nacional en países extranjeros. Para el presidente de LaLiga, Javier Tebas, es lo más cerca que ha estado nunca de ver cumplida su ambición de siempre.

Todavía no es norma. No hay fecha fijada para la próxima reunión del grupo de trabajo y la FIFA declinó hacer comentarios; una fuente describió la situación como "en curso". Pero el marco ya está sobre el papel y el objetivo en la FIFA es que el protocolo esté en vigor para la temporada 2026-27.

Es un momento que a Tebas le ha costado mucho.

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Qué dice el nuevo borrador

La regla, en una frase: cada liga podrá disputar un partido oficial por temporada en el extranjero. Por su parte, un mismo país anfitrión no podrá albergar más de cinco partidos "foráneos" en una misma temporada.

El sistema de aprobación es complejo. Toda solicitud debe incluir el consentimiento de las federaciones nacionales de los clubes participantes, el de las confederaciones de esas federaciones, el de la federación del país anfitrión, el de la confederación del país anfitrión y, por último, la autorización de la FIFA, que conserva el derecho de veto. Las solicitudes deben presentarse con seis meses de antelación e incluir planes detallados sobre el reparto de ingresos, el bienestar de los jugadores y la compensación a los aficionados.

También se exige demostrar que los aficionados han tenido la oportunidad de viajar o han sido compensados. Y hay una condición que ha recibido poca atención: la reciprocidad. Si LaLiga lleva un partido a Miami, la Major League Soccer tendría la oportunidad de disputar un encuentro en Madrid. El marco no está pensado como una calle de sentido único.

Un detalle notable: no es necesario consultar a la liga de origen si sus clubes siguen adelante en contra de su voluntad. En el caso de la Premier League esto no se aplicaría, ya que la Football Association inglesa no autorizaría un movimiento así sin el visto bueno de la liga, pero la situación puede ser distinta en otros países.

El límite de un partido no se aplica a las Supercopas, que muchas ligas europeas ya disputan en el extranjero, de modo que esa puerta ya está abierta y este borrador no la crea de nuevo.

Por qué ahora: el caos del año pasado

El nuevo borrador no surge de la nada. Es una respuesta al completo fiasco del año pasado.

En otoño de 2025, LaLiga tomó una decisión histórica: el partido de la jornada 17 entre Villarreal y Barcelona se jugaría el 20 de diciembre en el Hard Rock Stadium de Miami. Habría sido el primer partido de la máxima categoría europea de la historia disputado en otro continente. El presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, aprobó el movimiento, pero calificó la decisión de "lamentable" y afirmó que "no debe verse como un precedente".

La reacción fue contundente. El Real Madrid pidió a la FIFA, a la UEFA y al Consejo Superior de Deportes de España que bloquearan los planes. Thibaut Courtois emitió un comunicado en el que criticó duramente la decisión. La Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) realizó una protesta silenciosa de 15 segundos al inicio de todos los partidos de LaLiga del fin de semana siguiente.

El 22 de octubre, Relevent Sports, socio estadounidense de LaLiga controlado por el propietario de los Miami Dolphins, Stephen M. Ross, anunció la cancelación. El motivo oficial fue "la incertidumbre generada en España en las últimas semanas. Además, sería irresponsable empezar a vender entradas sin un partido confirmado". Las entradas aún no se habían puesto a la venta.

El Villarreal, por su parte, fue tajante: el club expresó su "profundo malestar" con LaLiga por "la mala gestión de la organización" del encuentro.

Dos meses después, la Serie A sufrió un fiasco similar. El AC Milan-Como debía jugarse en Perth, Australia, en febrero. A finales de diciembre, la Serie A canceló oficialmente el plan, alegando objeciones de la Confederación Asiática de Fútbol.

Para Tebas, la cancelación de Miami fue un golpe personal. Lleva años haciendo lobby por esta idea: primero en 2018, cuando se planeó jugar un Girona-Barcelona en Miami. Aquel intento también fracasó. Siete años después, otro intento, otro fracaso. Ahora, la FIFA ha construido un marco formal en torno a la idea.

Tras la cancelación de octubre pasado, Tebas dijo abiertamente que "lo intentaremos de nuevo". Ese segundo intento ya está en marcha.

La lógica del negocio: un mercado de miles de millones de dólares

¿Por qué le importa esto a las ligas? La respuesta es una palabra: dinero.

LaLiga, la Premier League, la Serie A: los mercados nacionales español e italiano se han explotado al límite. Derechos de televisión, venta de entradas, patrocinios: todo está saturado. Mientras tanto, Norteamérica y Oriente Medio están dispuestos a pagar sumas enormes por un solo partido de gran atractivo, cifras que empequeñecen los ingresos habituales de un encuentro doméstico normal.

El fútbol no está solo en esto. La NBA lleva años ampliando el Paris Game y otros partidos internacionales. La NFL ha convertido sus London Games en una cita fija de la temporada regular. La MLB ha disputado su Tokyo Series. Y cada una de estas iniciativas genera ahora millones.

El fútbol ya ha hecho parte de esto. La Supercopa de España se ha jugado en Arabia Saudí durante varias temporadas consecutivas. La Supercopa de Italia también se ha trasladado allí. El Trophée des Champions de Francia se disputa con regularidad en ciudades internacionales. La práctica de albergar "fútbol oficial" fuera del país de origen ya existe, pero solo en partidos de copa y supercopa. Un partido de liga regular sería un umbral completamente distinto que cruzar.

Un partido por temporada y cinco por país anfitrión: el borrador de la FIFA que podría cambiar el fútbol para siempre

El factor aficionado: ¿quién se beneficia realmente?

El dinero es una cara de la ecuación. La otra son los aficionados, cuyo beneficio en toda esta historia está lejos de estar claro.

Imagina que eres abonado del Villarreal. Pagaste por el derecho a ver al Barcelona, al Real Madrid, al Atlético y a todos los demás gigantes en el Estadio de la Cerámica. Y entonces uno de los partidos más importantes de tu temporada, el del Barcelona, se traslada a más de 7.000 kilómetros de tu ciudad. Además del coste de la propia entrada, ahora tienes que afrontar el de los vuelos, el hotel y los días libres. En la práctica, pierdes un partido que formaba parte del paquete que compraste.

La protesta de la AFE se basaba precisamente en esta preocupación. La oposición del Real Madrid venía del ángulo de la equidad deportiva.

Courtois hizo una comparación que aparece con frecuencia en este debate: "La NBA tiene 82 partidos y los propietarios de la NFL aprueban estas decisiones de forma colectiva. Aquí, LaLiga actúa unilateralmente. No es lo mismo".

Las palabras de Courtois plantean la pregunta central: ¿es el fútbol un producto de espectáculo o un deporte arraigado en sus comunidades locales? El deporte profesional estadounidense se construye explícitamente sobre el modelo del espectáculo. El fútbol ha seguido históricamente otra lógica: club local, estadio local, afición local. Este cambio choca con fuerza contra esa lógica.

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Desigualdad deportiva

Y más allá del negocio y de los aficionados, hay también una preocupación puramente deportiva.

Imagina la tabla de LaLiga. 38 partidos: 19 en casa y 19 fuera. Si uno de ellos se traslada a otro continente, el equilibrio competitivo se resiente. Y el equipo que impulsó esa decisión puede acabar siendo el perjudicado.

Luego está el factor físico. De Barcelona a Miami, un vuelo de 10 horas. De Barcelona a Perth, unas 20 horas. Nueve horas de diferencia horaria, un clima distinto, un césped distinto. Un equipo que llega físicamente mermado ya no juega al fútbol en sentido estricto: participa en un espectáculo. Esto crearía una ventaja artificial para los clubes más ricos, que están en mejor posición para gestionar la logística de un partido en otra zona horaria.

Y aunque sea "solo un partido por liga", combinado con cinco partidos en un mismo país anfitrión, la escala acumulada es significativa. Para los 20 clubes de la Premier League, significaría que en cinco años todos y cada uno habrían tenido que vivir esta experiencia al menos una vez.

Y por último: la negativa de la Premier League

La Premier League, la liga más lucrativa del mundo, dice oficialmente que "no irá". Los responsables de la liga han afirmado repetidamente que sus partidos seguirán en Inglaterra.

Pero aquí entra un detalle interesante: muchos propietarios estadounidenses de la Premier League opinan de otra manera.

Manchester United: la familia Glazer. Liverpool: FSG, el grupo de John Henry con sede en Boston. Chelsea: el consorcio de Todd Boehly. Arsenal: Stan Kroenke. Participaciones en el Aston Villa y el Crystal Palace: estadounidenses. Para cada uno de estos propietarios, Norteamérica es su mercado de origen, y la perspectiva de que su club se vea allí tiene una clara lógica financiera.

Análisis de Forbes han señalado que los propietarios estadounidenses de la Premier League han presionado a la liga para que reconsidere su postura. De momento, sin éxito. Pero el nuevo borrador de la FIFA les da una palanca nueva: la disposición de que no hace falta consultar a la liga de origen si los clubes siguen adelante en contra de su voluntad.

Si un grupo de clubes de la Premier League con propietarios estadounidenses solicitara conjuntamente que un Manchester United-Arsenal se disputara en Miami, la liga podría no tener derecho de veto. La FIFA, en cambio, podría dar su aprobación.

Esta es la verdadera línea del frente de la batalla. Tebas ha empujado y la FIFA ha construido ahora el marco. El siguiente paso es saber quién será el primero en poner a prueba esa norma frente a la Premier League.

Al fin y al cabo, la historia suele escribirla quien desafía la lógica interna de las normas antes que las propias normas.