El promotor Frank Warren desmintió la semana pasada la afirmación de Tyson Fury de que el combate con Anthony Joshua estaba en duda por un desacuerdo económico, e insistió en que la histórica pelea de los pesos pesados se celebrará en Estados Unidos en noviembre de 2026. En los despachos se libra una dura batalla. La organización saudí Sela quiere que el combate se celebre en Estados Unidos, mientras que el promotor de Joshua, Eddie Hearn, presiona para mantenerlo en Londres. Los propios púgiles querían resolverlo en el emblemático estadio de Wembley, pero se están imponiendo los intereses económicos.

Fury ya está en Miami y inmerso en su campamento de entrenamiento. "Creo que, por la cantidad de dinero que hay en juego, ojalá me equivoque, pero creo que se hará en Estados Unidos", dijo Warren. A pesar del desacuerdo entre los equipos, los detalles del contrato se cerrarán pronto y el histórico combate se celebrará al otro lado del Atlántico. Para los aficionados al boxeo es un desenlace doloroso, pero dictado por las crudas leyes del negocio: cuando llega la decisión final, los boxeadores van donde están los millones.
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