El veredicto de Pelé

La historia del fútbol rara vez ofrece una comparación capaz de despertar la pasión que una sola frase llegó a encender. "¿Cómo se puede comparar a un hombre que juega bien de cabeza, que golpea con la izquierda y con la derecha, con alguien que solo usa un pie, tiene un solo truco y no vale nada en el juego aéreo?". Con esas palabras, Pelé puso en duda la supremacía de Lionel Messi y señaló a Diego Maradona como el mejor jugador.

Diego Maradona: cuarenta años después de México

El veredicto es, por supuesto, subjetivo. El nombre de Messi figura junto a una larga lista de récords, títulos y honores individuales. El argumento de Pelé iba por otro lado: la enorme variedad del arsenal de Diego sobre el campo. Michel Platini resumió la idea con acierto al decir que lo que Zinedine Zidane podía hacer con un balón, Maradona lo hacía con una naranja.

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El propio Messi siempre se ha mostrado humilde en este debate. "Aunque jugara un millón de años, nunca me acercaría a Maradona", ha asegurado. Puede que la discusión no se zanje nunca. Sin embargo, parte de la respuesta está en un momento y un lugar concretos: México, el verano de 1986, donde un solo hombre convirtió todo un Mundial en su escaparate personal.

Diego Maradona: cuarenta años después de México

El verano de México

Para un Maradona de 25 años, el Mundial de México fue la cumbre absoluta de su carrera. Marcó cinco goles y dio cinco asistencias. Diez de los catorce goles de Argentina fueron obra suya de forma directa, ya fuera marcándolos o creándolos, el 71 % de la producción del equipo. Hasta hoy sigue siendo el único jugador que ha logrado cinco goles y cinco asistencias en un mismo Mundial.

Contra Corea del Sur, Diego participó en los tres goles. Contra Italia controló un balón alto endiablado y marcó uno de los mejores tantos del torneo. Pero el verdadero drama llegó en los cuartos de final contra Inglaterra.

Dos goles en cuatro minutos, que la historia decidió recordar por separado. En el minuto 51, Maradona metió el balón en la red con el puño, un episodio que quedó en la memoria del fútbol como la "Mano de Dios". Cuatro minutos después recibió el balón en su propio campo, se deshizo de cinco jugadores ingleses y del portero Peter Shilton, y culminó un gol que la FIFA coronaría como el "Gol del Siglo" en 2002. El diario francés L'Équipe describió con precisión al número diez: "mitad ángel, mitad demonio".

En la final, contra Alemania Occidental, Lothar Matthäus lo marcó durante los noventa minutos. Y aun así, en el minuto 84, Maradona encontró un resquicio de espacio y filtró el pase decisivo, el del título, para Jorge Burruchaga. Argentina era campeona del mundo.

Diego Maradona: cuarenta años después de México

Los años napolitanos

Dos años antes de México, Diego ya había puesto rumbo a Italia. En 1984 fichó por el Napoli por 6,9 millones de libras, una cifra que fue récord mundial de traspaso en aquel momento. El fútbol italiano estaba dominado por los clubes ricos del norte, y Nápoles languidecía en el último escalón de esa jerarquía. La ciudad acogió al argentino como a un salvador.

El resultado fue histórico. Maradona ganó con el Napoli dos Scudetti, el título de la Serie A, en 1986-87 y 1989-90, además de la Copa de la UEFA. Su imagen apareció en los muros de la ciudad, a los recién nacidos se les puso su nombre y, para provocar a los poderosos del norte, los aficionados locales llegaron a organizar "funerales" simbólicos en las calles.

Fue también allí donde apareció la primera grieta de su declive. Una adicción a la cocaína que había comenzado en Barcelona se convirtió en una crisis total en Nápoles, enredada con vínculos con la mafia. El precio fue brutal: una sanción de 15 meses que puso fin a su etapa italiana.

Diego Maradona: cuarenta años después de México

Más allá del campo

La vida de Maradona siempre desbordó las líneas de banda. Era un izquierdista declarado, amigo de Fidel Castro y Hugo Chávez, con un tatuaje del Che Guevara en su cuerpo. La política nunca fue una pose para él; formaba parte de lo que era.

Su historia internacional terminó en tragedia. En el Mundial de 1994, un control antidopaje detectó efedrina en su organismo y Diego fue expulsado del torneo. Fue su último Mundial, un final indigno de la carrera que lo precedió.

Y, sin embargo, a los ojos de los argentinos, su posición nunca se tambaleó. En un país que había vivido una dictadura militar y el desencanto social, Diego siguió siendo un símbolo de dignidad recuperada. Sus defectos estaban a la vista de todos, pero ese era precisamente el puente entre el hombre común y el mito: era alguien en quien millones de personas se reconocían.

Diego Maradona: cuarenta años después de México

De Villa Fiorito a un estadio con su nombre

La historia de Maradona comenzó en Villa Fiorito, un barrio humilde en las afueras de Buenos Aires. Desde allí hasta el mito mundial, recorrió todo el camino con un balón en los pies como único equipaje. "Me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha", dijo Diego en una ocasión.

Esas palabras son la clave de su legado. Una vida en la que el triunfo y la crisis se fueron alternando dejó algo intacto: lo que Diego hacía con un balón siguió sin igual en la historia del juego. La FIFA lo nombró Jugador del Siglo XX, un título que compartió con Pelé.

El estadio del Napoli lleva hoy su nombre: Stadio Diego Armando Maradona. Es mucho más que un homenaje; es el reconocimiento del vínculo que se formó entre un hombre y una ciudad, entre un talento y su gente. Cuarenta años después, aquel verano en México sigue siendo la vara de medir definitiva, y Diego Armando Maradona, una de esas figuras excepcionales del fútbol a quienes generación tras generación ha comparado con un dios.