"No había absolutamente ningún motivo para sacar una tarjeta amarilla", insistió Murat Yakin, en su valoración de la jugada que puso fin al cuento de hadas de Suiza en el Mundial de 2026.
La jugada polémica llegó en el minuto 72 de los cuartos de final contra Argentina. El árbitro João Pinheiro echó primero mano al bolsillo para amonestar al argentino Leandro Paredes, pero entonces intervino el VAR. La decisión se dio la vuelta por completo. Breel Embolo fue amonestado por simulación, una segunda amarilla que supuso su expulsión y dejó a Suiza con diez hombres. El delantero abandonó el campo llorando.

Con un jugador menos, los suizos se volcaron en defensa, pero la resistencia terminó por quebrarse. En el minuto 112, Julián Álvarez marcó desde lejos, y Lautaro Martínez añadió un tercero en el tramo final para sentenciar el 3-1.
PatrocinadoYakin calificó todo el episodio de inaceptable. "Nos castigó una norma que no tenía nada que ver con el fútbol", afirmó indignado. El centrocampista Remo Freuler fue aún más lejos y exigió a la FIFA una explicación pública.
Para Suiza fue una forma cruel de despedirse. Eran sus primeros cuartos de final de un Mundial desde 1954, una trayectoria histórica que se detuvo al final no por obra de Argentina, sino por una tormenta tecnológica.




