Un Mundial de 64 selecciones significa 128 partidos, exactamente el doble del formato que los hinchas conocen desde hace décadas. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, defiende el plan como una forma de darles a las naciones más chicas algo por lo que pelear. "Si no les das a los países más chicos la chance de participar en el Mundial, les va a faltar el incentivo para seguir mejorando", argumenta. Sin embargo, esa visión reescribe la economía del juego. Un torneo más grande desvaloriza las eliminatorias y deja a las confederaciones regionales apoyadas por completo en el dinero de la FIFA.

Ampliación del Mundial: por qué Europa se opone a la loca idea de la FIFA

La ambición chocó con una firme resistencia de Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA, el máximo organismo del fútbol europeo, que criticó el proyecto abiertamente. "No creo que sea una buena idea para el Mundial en sí, y tampoco es una buena idea para nuestras eliminatorias", advirtió Ceferin. El riesgo no es solo político. Un calendario de 128 partidos exige una infraestructura colosal, más estadios y más hoteles, y eso será un desafío enorme para los anfitriones de 2030: España, Portugal y Marruecos. El fútbol está en un punto de inflexión. Más partidos implican una mayor carga para los jugadores y ponen en duda la exclusividad del torneo. En definitiva, si se pone la cantidad por encima de la calidad, el Mundial corre el riesgo de perder su alma a cambio de una ambición financiera.

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